¿En qué nos fijamos para elegir nuestra pareja?


psicologo de pareja

Existen grandes mitos acerca de encontar nuestra media naranja o nuestro principe azul, pero ¿aparecerá un día de repente sin que me lo espere? ¿O debería hacer un casting bien amplio o buen rastreo por todos los perfiles compatibles con mi personalidad?

Es obvio que tod@s nos fijamos en características específicas cuando queremos buscar pareja. La atracción física, la belleza, las buenas habilidades sociales, la inteligencia, suelen ser las cualidades más deseadas, junto a muchas más y variadas según nuestras preferencias particulares, algunas menos conscientes como el modelo familiar o de educación recibido, estándares publicitarios, y otros más conscientes.  ¿Pero buscamos características o cualidades que favorecen la continuidad y felicidad de la pareja?

Quería compartir con vosotros un artículo de la Doctora en psicología y terapeuta, Rosa Rabbani, por su énfasis en la importancia del continuo e importante ajuste y de aprendizaje constante de la pareja, además de resaltar  la necesidad de comunicación y de buena inteligencia emocional como predictores de éxito, junto a la necesidad de ser reforzadores con nuestra pareja, y buenas habilidades de afrontamiento a las dificultades. Espero que os guste y nos haga reflexionar sobre dichas cuestiones.

 

Cómo elegir pareja y acertar

Encontrar la persona adecuada con quien compartir nuestra vida no es cuestión de suerte sino de saber elegir conscientemente a alguien con quien podamos crear un proyecto.

Cuatro simples pautas pueden ayudarnos a iniciar con buen pie el camino para construir una pareja.

 

Una de las decisiones más importantes de nuestra vida es la elección de la pareja, pero paradójicamente solemos invertir pocos recursos en reflexionar y esforzarnos para tratar de tomar la mejor decisión. Como terapeuta, he trabajado con todo tipo de parejas: las que se forman y las que se deforman, las que se deshacen y  las que se rehacen, es decir, parejas que aprenden, crecen y se perfeccionan. Así pues, ¿qué debemos tener en cuenta para asegurar una buena elección?

 

  • Estar dispuestos al cambio. Sabemos que no existen ni el hombre perfecto ni la mujer perfecta. En consecuencia, lo más efectivo es intentar fijarnos en aquellas personas, y procurar ser una de ellas, conscientes de sus imperfecciones y capaces, a su vez, de gestionarlas y acometer, en su carácter o conducta, los cambios necesarios. Por tanto, debemos, evitar considerar a aquellas personas, o ser una de ellas, cuya cantinela es: “Yo soy así, no puedo evitarlo”. La convivencia en pareja es una de las experiencias que más nos hace crecer a lo largo de nuestra vida, pues pule y mejora, en el devenir diario, nuestro carácter. Sin embargo, alguien con dificultades para asumir los cambios necesarios difícilmente puede establecer relaciones sanas y constructivas y madurar paulatinamente.

  • Hábitos de comunicación correctos. Se trata de una herramienta imprescindible para garantizar una relación plena. Habilidades básicas como saber mostrar y hablar de las emociones y afectos, o ser capaces de argumentar y defender las propias posturas respetuosamente aportan diariamente el oxígeno regenerador de nuestra relación de pareja. Esta manifestación de inteligencia emocional y racional que parece tan sencilla de detectar y ejercer es, sin duda, uno de los talones de Aquiles más universal. Por tanto, conviene tener en cuenta este rasgo en nuestra elección. A menudo me encuentro ante parejas que, en muchos años de convivencia, no han sido capaces de hacerse un reconocimiento positivo explícito. Cuando les planteo esta exigencia, los comentarios que suelo escuchar son del tipo “Él ya sabe que le quiero” o “Ella ya sabe que me gusta cómo es”. Pero lo más sorprendente es que cuando les pregunto, al finalizar el proceso de terapia, por aquello que aquello que más impronta les ha dejado, ser refieren, casi sin excepción, a “Aquella sesión en la que ella me dijo que lo que más valoraba era que yo era la alegría de la casa” o “Aquella sesión en la que él me agradeció lo que estaba haciendo por sus padres”; es decir, cuando se sintieron valorados por el otro.

 

  • Mantener relaciones adecuadas con la familia extensa. El matrimonio no es únicamente la unión de dos personas sino la simbiosis de dos núcleos que se unen para fraguar un tercero. Es imposible desligar a las personas de su entorno y del modelo en el que se han criado y educado; conocer este trasfondo ofrece, por tanto muchas pistas acerca del carácter, los intereses o los hábitos de la persona que vamos a elegir como pareja. Sin embargo, a menudo esta información nos pasa desapercibida, pues se suele esperar al momento en que se formaliza la relación para presentar a la familia. Hacerlo así implica desaprovechar las mejores situaciones, mucho antes de haber tomado ya la decisión, de conocer realmente a nuestra pareja.

  • Saber afrontar las dificultades de forma sana. Dado que los problemas, los conflictos, las crisis, las discusiones y las demás desavenencias son consustanciales a la vida y a las relaciones personales, la actitud más consecuente con esto es aquella que tenga muy en cuenta la forma en que la persona escogida encara estas dificultades, resuelve los problemas y supera los conflictos que vayan surgiendo. Existen formas sanas y formas insanas de hacer frente a las adversidades.

Cada persona aprende a identificar durante su vida las formas de superación que se adaptan mejor a su personalidad y carácter.

La depresión, por ejemplo, es una de las modalidades de librar un enfrentamiento encarnizado con la dificultad, como lo son también consumir sustancias tóxicas, instalarse en la queja continua, tener conductas agresivas y violentas, tener subidas de tensión sanguínea o procesar somatizaciones. Pero también podemos afrontar las dificultades de forma funcional: buscar un interlocutor que nos pueda orientar, realizar ejercicio físico, conectar con la naturaleza o, en general, con nuestro ser interior para reflexionar con serenidad. Identificar, en la posible pareja, si existen o no formas sanas de afrontar los problemas tendrá repercusiones importantes en el futuro.

 

Estas cuatro pautas son auténticos pilares para sostener con fortaleza una vida en común. De cada una de ellas habría, por supuesto, mucho que decir, pero por encima de todo se halla una regla áurea: debemos ser conscientes de que, a fin de hacer una buena elección de pareja, primero hay que saber qué estamos buscando; y, para encontrar lo que buscamos, debemos mantener los ojos bien abiertos y analizar los rasgos de personalidad que consideramos como posibles parejas. Solamente así tendremos posibilidades de realizar una elección duradera que contribuya a nuestra felicidad.

 

El Talón de Aquiles de muchas parejas es la comunicación: falta asertividad y refuerzo positivo, damos demasiadas cosas por sentadas.

 

Por: Rosa Rabbani. Doctora en psicología y terapeuta.

Artículo extraído de la Revista Mente Sana N 77

 

 

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