¿Por qué llora constantemente mi hijo? ¿Por qué pide todo llorando?


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En las situaciones de llanto de nuestr@s hij@s existe una estrecha línea entre cómo podemos otorgar seguridad y cómo fomentar inseguridad, un factor muy importante será la actuación de los padres y/o las personas importantes de su cuidado para dicho aprendizaje.

 

Por todos son sabidos, los principales motivos de lloro de los bebés y el aprendizaje que requiere de los padres para ir identificando en cada situación cúal es el motivo.

Entre ellos, principalmente se encuentra las necesidades básicas de hambre, sueño, alivio de dolor o malestar, es cierto que debido a la fragilidad y dependencia del recién nacido, seremos los adultos quienes les cuidemos, protejamos y atendamos sus necesidades. Ya que es necesario que el adulto, gracias a su relación emocional, sus cuidados atentos y su presencia constante le aporte esa seguridad tan necesaria para aportarle un apego seguro.

 

El recién nacido no dirige su llanto, no lo utiliza, no manipula el ambiente, solo llora como única manera de expresar sus necesidades, y por supuesto que debe ser atendido por las principales figuras de apego, acariciando, tranquilizándolo, alimentándolo, acomodándolo y calmándolo, no cabe duda que es lo correcto y adecuado.

 

Con el paso de los meses y sin ser demasiado conscientes de ello, vamos enseñándoles unas rutinas, una forma de relacionarse con nosotros, una forma de calmarse, de relajarse para poder dormirse, pedir el alimento, de demandar nuestra atención y de relacionarse con el entorno.

Ahí estará nuestro principal reto como cuidadores, aportar la seguridad y tranquilidad que requiere nuestr@ hij@ pero intentando enseñarle las herramientas para que poco a poco sea autónomo y aprenda a satisfacer sus necesidades conforme va creciendo y su desarrollo evolutivo sea el apropiado.

 

Con el aprendizaje de los hábitos de autonomía adecuados para su edad les otorgamos seguridad y autoestima, en definitiva. les enseñamos a ser autónomos y a tener las estrategias y herramientas adecuadas para el día a día.

 

Por ello la labor como padres, también implica conocer qué capacidades tienen que ir aprendiendo a cada edad para ir enseñando a afrontar sus primeras dificultades, básicas para el afrontamiento de los problemas o retos posteriores en su infancia, adolescencia y adultez.

 

Con los aprendizajes más básicos, por ejemplo, en el área de la alimentación adquirir tras mucha práctica, la puntería y fuerza para llevarse la cuchara con el alimento a la boca, a nivel motor conseguir andar, escribir, realizar un puzzle o una torre, en el sueño conseguir dormir solo, conseguir controlar los esfínteres por la noche, jugar con los amigos en el parque, y una infinidad de aprendizajes, podemos enseñarles a ser constantes, tener empeño en conseguir las cosas, ver que sí pueden conseguirlo si se esfuerzan y lo siguen intentando.

Pueden aprender a buscar diferentes soluciones de la tarea ó por el contrario enseñarles a que tengan miedo a equivocarse o que no hace falta que prueben o practiquen más veces que sólo con gritar, llorar o pedirlo aunque no sea de forma adecuada y educada ahí estaremos nosotros los adultos para solucionárselo, ¿pero ese es el aprendizaje que le ayudará a ser más feliz y adaptarse adecuadamente al entorno actual?

 

Por lo tanto, también está en nuestra mano que nuestr@ hij@ no adquieran aprendizajes que le hagan ser un niñ@ dependiente, insegur@, miedos@, poco resolutiv@ y que requiera constantemente la ayuda de los adultos entorpeciendo su buen desarrollo evolutivo y afrontamiento de las dificultades.

 

Porque seguro que nos vienen muchos ejemplos de situaciones cotidianas que hemos sido espectadores de niñ@s pequeños que no se esfuerzan por comunicarse y que solo con señalar gritando o llorando consiguen instantáneamente que sus deseos sean cumplidos, niñ@s más mayores que hablan llorisqueando porque quieren que les abrochen su pantalón o les cierren una botella, niñ@s que lloran y patalean en el supermercado, en la heladería o en la tienda de chucherías para conseguir ese sabroso deseo, situaciones en que cuando los adultos están hablando por teléfono o con otro adulto, los niñ@s lloran intensamente para ser atendidos inmediatamente, aunque solo sea atención lo requerido, el niño pequeño o más débil que llora para que sus padres le resuelvan la situación en el parque o jugando con su hermano.

 

Es cierto, que l@s niñ@s necesitan continuar aprendiendo con nuestra ayuda, pero es importante que no aprendan formas inadecuadas de solicitar nuestra atención, de conseguir lo que quieren, o de no afrontar un pequeño obstáculo.

 

Realmente les ayudamos cuando les enseñamos a ser unos niñ@s segur@s, con recursos y buena autoestima para desenvolverse en el ambiente. Pedir ayuda también es una estrategia adecuada para el resto de su vida, ¿pero llorando?

 

 

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